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Finalizada la década del 70, se inició un singular crecimiento del consumo de los plásticos. Este crecimiento no podía pasar inadvertido, ya que al contribuir en forma concluyente en la modificación de los procesos industriales y en sus modalidades comerciales, se generaron reacciones de diversos tipos.
Tal es así que en la década del 80, los cuestionamientos a estos materiales fueron de tal intensidad que la CAIP decidió crear la comisión “Los Plásticos y el Medio Ambiente”, cuyo fin sería poner en marcha una organización para estudiar el tema. Esta decisión se tomó con el convencimiento de que afectaría a los transformadores, productores e importadores de materia prima plástica, máquinas y equipos, usuarios de los productos plásticos, instituciones vinculadas a la industria y a todos los que compartieran los objetivos de la misma.
Un par de años después un informe de esta Comisión aconsejó la creación de una Fundación cuyo principal objetivo debía ser el de difundir información sobre los materiales plásticos y sus productos, ya que la desinformación existente en todos los niveles y sectores era muy grande -y lo que era peor aún- es que solo se conocían a través de falsas informaciones influenciadas por preconceptos carentes de sustento científico.
Por esas razones, se pensó en la figura de una fundación para separar la actividad gremial empresaria propia de una cámara, de la defensa de la calidad de vida como medio indirecto de promoción de los plásticos, así como también la difusión de su correcto uso, la adecuada eliminación de sus residuos y la comunicación de la verdad sobre la relación de los Plásticos y el Medio Ambiente.
En 1993, dos cámaras y treinta empresas decidieron afrontar el desafío de crear La Fundación de la Industria Plástica para la Preservación del Medio Ambiente (F.I.P.M.A.). |